Por Pablo Soroa Fernández
Como fuente de información independiente,
fiable, actual y detallada 24 horas todos los días del año, se autodenomina la DPA, Deutseche Presse-Agentur
o Agencia de Prensa Alemana.
Presten atención: “Independencia, fiabilidad, actualidad y detalle, 365 días al año”, suponiendo que este no sea bisiesto.
Presten atención: “Independencia, fiabilidad, actualidad y detalle, 365 días al año”, suponiendo que este no sea bisiesto.
Ese mar de bondades pregona en su ficha de
presentación la prominente agencia de noticias germana, una de las mayores del
mundo.
Y este servdor, que hasta tanto se me
demuestre lo contrario creo en la sinceridad y la buena fe de las personas y de
las agencias, me dispuse a leer con espíritu de benignidad un cable fechado el
pasado dos de diciembre en La
Habana, por DPA.
“El gobierno de Estados Unidos pidió hoy a
Cuba una vez más que libere a Alan Gross, cuatro años después de que el
contratista norteamericano fuera detenido en la Isla”, reza el primer párrafo.
En el segundo el corresponsal cita un comunicado
del Departamento de Estado difundido por la Sección de Intereses norteamericana en La Habana, el cual señala que
“mañana (martes) el cooperante Alan Gross empezará un quinto año de prisión
injustificada en Cuba”
El tercero lo dedica a ampliar el comunicado,
en el que (el citado Departamento) reitera “nuestro pedido al gobierno cubano,
haciéndonos eco de líderes extranjeros e incluso de aliados de Cuba, de que
liberen a Alan Gross inmediata e incondicionalmente”.
Todo el cuarto párrafo es de la cosecha del
redactor, para quien “Gross, de 64 años, fue arrestado en diciembre de 2009 en
el aeropuerto de La Habana,
cuando intentaba entrar al país con sofisticados equipos de comunicación
prohibidos en la Isla,
aunque convencionales en otros países”. Aquí
admite que “los sofisticados equipos” eran “prohibidos” en Cuba (y que por
tanto Gross violó la “prohibición”), pero no aclara en qué otros países son
convencionales, con lo cual deja un margen para que el lector incluya, entre
ellos a Estados Unidos.
Del
resto del despacho valen entresacarse los siguientes trozos:
“(Gross) Fue acusado de organizar
actividades “subversivas” a través de redes de comunicación clandestinas y
condenado en 2011 a
15 años de cárcel por delitos contra la “integridad territorial” del estado
cubano (los entrecomillados son de DPA).
Prosigamos:
“El estadounidense , que trabajaba como
subcontratista de la agencia de cooperación norteamericana USAID, sostiene que
los aparatos estaban destinados a dar acceso a Internet a la pequeña comunidad
judía en Cuba”.
Veamos los tonos que va asumiendo el
escribidor en su texto.
Sentimental:
“Sus familiares (los de Gross) y
visitantes extranjeros que lo han visto en Cuba sostienen que su salud se ha
deteriorado considerablemente en prisión en los últimos tiempos”
Analítico: “Su caso es uno de los que
más lastra las difíciles relaciones entre Washington y La Habana y es considerado
como uno de los principales obstáculos para un mayor acercamiento” (parece que los hay “menores”).
Severo: “La Habana le ha ofrecido a
Washington un canje por los agentes de la inteligencia cubana conocidos como
los “cinco héroes”, arrestados en 1998 como parte de una red de espionaje en
Estados Unidos”.
Ya en este
punto final de la historia, han quedado
atrás los resuellos, la terminología de contratista y cooperante, y esta ha sido sustituida, sin
entrecomillarla (como a las actividades “subversivas”de Gross), por la de
“agentes de la inteligencia cubana” y red de “espionaje” (el entrecomillado
ahora es del Poresomundos).
Nada
menciona –para enriquecer su despacho- sobre las torturas a que han sido
sometidos los antiterroristas cubanos, en su larga prisión en Estados Unidos.
La agencia que es paradigma de
“Independencia”, “fiabilidad”, “actualidad y detalle”, 365 días al año”, no
dedicó una línea ese solo día (hagamos gracia de los restantes 364), a hacer
referencia a los pedidos internacionales, incluidos los de 10 Premios Nobel
(algunos tal vez aliados de Estados Unidos), que en julio de 2010 circularon
por el mundo para que se sacara del hueco de la cárcel norteamericana de
Victorville a Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco, quien estuvo
confinado a esa celda de castigo, de dos metros por uno – en compañía de otro
recluso, sin sus pertenencias personales- desde el 21 de julio hasta el tres de
agosto de ese año.
A cambio de esa infamia, Cuba ha dado un
trato exquisito a Alan Gross, fehacientemente involucrado en actos subversivos
contra la Isla.
Tanto es así que la extensa pregunta que
titula este trabajo, puede responderse con una sola palabra: ninguno. Ni un
solo día ha conocido el hueco Alan Gross, en primer lugar porque no existen en
nuestros centros penitenciarios, ergástulas como la de Victorville.
Esa verdad la conocen al dedillo el
Departamento de Estado de Estados Unidos, DPA, los familiares de Gross y los
que ejercen sus buenos oficios para la pronta libertad del norteamericano, pero
les son indiferente la estancia entre rejas de los cuatro antiterroristas cubanos
que no han vertido una sola lágrima o lamento después de más de 15 años de injusto
encarcelamiento.
El día que gracias a la presión
internacional, fue sacado de ese espacio de castigo infrahumano de 2 metros por uno, sin
ventanas, que compartía con otro recluso, el antiterrorista cubano, a pesar de su quebrantada salud, transparentaba “buen
estado de ánimo y elevada moral”, según su esposa Adriana, que conversó con él.
Meses antes de aquel
diálogo, el dos de noviembre de 2009, para ser exactos, a los 75 años de edad,
había fallecido Carmen Nordelo Tejera, madre de Gerardo, víctima de una larga
enfermedad, que no era ajena el largo encierro de su hijo.
No solo el “contratista”
Alán Gross tiene familia, aunque DPA parezca desconocerlo.
