domingo, 5 de octubre de 2014




 ARMIN OÍDO DE PERRO

Por Pablo Soroa Fernández
Había nacido en Quierschied, Alemania, en 1934, le decían Armin Oído de Perro, y era el velocista más técnico de su tiempo, según Enrique Figarola, el cubano que con su presea de plata en las olimpíadas de Tokio 1964 (10,2 segundos en los 100 metros planos) devino el primer medallista olímpico de su país después del triunfo de la Revolución.
  Casi un lustro antes, en los Juegos de Roma 1960, el antillano quedó en cuarto lugar en la misma competencia en que Armin (cuyo apellido era Hary y competía por la República Democrática Alemana), se convirtió en el primer deportista en correr los 100 metros planos en 10 segundos, con los cuales ganó el oro y batió un récord de 32 años.
 La medalla de plata fue para el estadounidense David Sime (10,2) y el bronce para el británico Peter Radford (10,3), en aquella carrera en que “en los primeros 75 u 80 metros Hary y yo íbamos juntos”, relató Figarola en entrevista reciente al periodista Joel García, del Semanario Trabajadores.
 Su oído privilegiado le ganó el mote canino de Oído de Perro al sprinter europeo, el cual, según el integrante de la Comisión Nacional de Atención a Atletas, era a menudo injustamente acusado de robarse la arrancada, cuando en realidad los demás eran los que salían atrasados.
 Para Figarola, el germano era dueño de una capacidad de reacción tan formidable que daba la impresión de que partía antes del disparo.
 Antes de Roma –donde también consiguió el oro en el relevo corto-, Hary obtuvo su primer éxito internacional en 1958, al adjudicarse el cetro en sus dos especialidades preferidas, en el campeonato europeo de Estocolmo, Suecia.
 Ese mismo año, en los 100 metros lisos, detuvo los relojes en 10 segundos justos pero la marca no se reconoció oficialmente porque la pista poseía una pendiente de 11 centímetros, uno más de los permitidos.
  La enciclopedia digital Wikipedia ilustra que la mañana del 21 de junio de 1960 en Zurich, Hary se convirtió en el primer hombre en la historia en vencer los 100 metros en 10 segundos, luego de correr dos veces, ya que en el primer intento algunos jueces opinaron que se había adelantado en la salida. Nueva prueba vespertina arroja idénticos resultados, el acallamiento de las protestas y el reconocimiento como campeón mundial.
 El sitio digital comparte con Figarola la opinión de que sus arrancadas no eran anticipadas, pero sí más rápidas que las del resto de los competidores y que el reflejo de los jueces que decretaron nulas un montón de largadas perfectas, sin la fundamentación suficiente y sin el auxilio de la técnica.
 Tras los Juegos de Roma Hary se retiró de las pistas, con solo 26 años, tal vez hastiado de tanta incomprensión y pensando para sus adentros. ¿De qué sirve poseer la razón si los encargados de concedértela no la tienen ellos mimos, pero constituyen mayoría? Hoy cuando las carreras se definen por centésimas y hasta por milésimas de segundo, las arrancadas a tiempo son fundamentales, se cuenta con técnicas para determinar aquellas salidas en falso no groseras, ya que cuando lo son, resultan ociosos los aparatos y las notan jueces y legos por simple inspección.
 Las reglas de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) llegaron a la consideración de que el cuerpo humano nunca puede asimilar la velocidad del sonido en un tiempo inferior a una centésima de segundo (0,100 segundos), y presumen que si un atleta “despega” en un tiempo inferior a ese se adelantó.
Todo esto se controla con un sistema informático que se coloca en los tacos de partida, el cual mide electrónicamente el tiempo de reacción.
 El método, sin embargo,  resultó inefectivo con el gran John Drummond  (junto a Ben Jonson y a Hary, uno de los tres mejores largadores de todos los tiempos) a quien se descalificó porque la computadora confundió la presión corporal con un movimiento.
 Hoy se desterró el empleo de la pistola  solamente, porque el corredor del carril uno la escucha antes que el situado en el número ocho. La diferencia es de solo una décima, pero una décima puede significar una diferencia de tres posiciones en los 100 metros lisos.
  Buscando esa igualdad, un dispositivo con una chicharra se sitúa justo atrás de cada competidor, para que todos oigan el disparo al unísono.
Así y todo, estoy seguro de que Armin Oído de Perro sería el primero en escucharlo.